Yo también tuve Juegos Deportivos Escolares

DSC00983

Medallas de Juegos Deportivos Escolares Nacionales

Varias jornadas nocturnas en la etapa de la enseñanza primaria estuve de CVP (Cuerpo de Vigilancia y Protección, en cubano) a la espera de una estrella fugaz para pedirle un deseo. En esa bobería tan natural estuve hasta 1999 cuando terminé el sexto grado. La petición: “Ay mi Diosito, yo quiero ser un gran pelotero”, era como el factor común de casi todos los varoncitos de mi generación, al menos los matriculados en la escuela Anexa, Enrique José Varona, y que éramos distribuidos después de las 4 de la tarde por las áreas especiales de las más diversas modalidades deportivas del reparto.

Hoy de seguro los chicos tienen menos cuerpos celestes en mente, pues las actuaciones en los Clásicos Mundiales y los cambios de la estructura de la Serie Nacional le han mutilado los sueños de los jonrones y las bases robadas.

La transmisión por Tele Rebelde de la edición 50 de los Juegos Deportivos Escolares Nacionales me trajo de vuelta todos aquellos recuerdos, camuflados en mi metamorfosis futbolística en la EIDE (Escuela de Iniciación de Deporte Escolar) Cerro Pelado en Camagüey. Participé en 4 de esos eventos, cada uno con sus anécdotas inverosímiles.

Hacer el grado para las competiciones veraniegas significaba el password de acceso a la cuadrilla de adolescente, en una época que aún no había sido infestada por el síndrome del reguetón. El estatus e imagen social en las academias deportivas dependía de la participación en el más importante torneo para las categorías inferiores. Incluso si pretendías adueñarte de cualquier “jevita” debías presentar esa credencial atlética. Desgraciadamente en la EIDE otros parámetros de índole académicos y culturales siempre han estado en desuso.

GironVI

Un recorrido hasta Ciego de Ávila parecía un trayecto a las Islas Malvinas en un Karpaty soviético.

Gloriosos resultaron aquellos viajes rumbo a la competencia en guaguas modelo Girón VI, piloteadas por choferes quienes bajo medidas de “seguridad” jamás sofocaban la caja de velocidad. Un recorrido hasta Ciego de Ávila parecía un trayecto a las Islas Malvinas en un Karpaty soviético. Pero para enclenques de 13 años lo más trascendente era saberse dueño de la medalla de la dignidad; aunque todos sabíamos que nos aguardaba una bandeja de chícharo con los brazos abiertos desde la primera ronda de comida.

Mi debut en Juegos Escolares se produjo en un pueblito aledaño a la ciudad de Morón. Allí molía un central que alguien dio por nombre Patria, cuyo centro docente tecnológico hospedaba la cancha de juego. El instituto disponía de una infraestructura compuesta por: albergues, comedor, albergue y algunas áreas enyerbadas. Tenía como principal atractivo una sala de estar donde aguardaba un televisor para ver a las 7.30 pm la teleserie Doble Juego.

ariel-martinez-jit

Ariel Martínez, hoy jugador del equipo nacional, disputó varios Juegos Escolares

Recuerdo la rivalidad desde el propio instante de la acreditación de las “delegaciones”. Se vive una guapería infantil, típica de los atletas de esas edades. A todos le llama la atención si hay un que se afeita, si va a jugar otro de más de 1.75 centímetros, o si vino fulanito que ya fasteó (viene del infinitivo fastear, sinónimo de ir al extranjero en la jerga vulgar de mi país). Todo eso y más.

También los padres tenían lo suyo. Se venía el puro del familión con una bola de peso pa´ especular; estaban los papás que alquilaban un camioncito rompecolumnas con asientos de zinc; y por supuesto, también se daba cita el grupo de progenitores de los nenes que actuaban de local. Estos últimos hacían más bulla alrededor de la cancha que las cornetas del Mundial de Sudáfrica en 2010.

A los americanos les da a ratos por rodar peliculitas sobre el deporte en el sistema de las High School con propuestas de becas para las universidades si destacas en baloncesto o natación. Pero la problemática siempre es un cliché: El chama se enamora, y en el último juego faltando segundos, tras un trago de Gatorade, chas…encesta. Si a cualquier cineasta cubano se le ocurre filmar las interioridades de los Juegos Escolares, al menos los de mi época, con estimulantes a base de Toco-toco y Toki de caña, no para hasta la nominación de un Goya.

Tras la experiencia del primer año se me vinieron sucesivamente los Nacionales de Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos.

No pienso darle mucho más teque. Podría llenar de cuentos el post. En resumen les cuento que en Las Villas jugué en Zulueta, la única cancha decente de Cuba. Además en suelo naranja pateé un penal en pleno aguacero y la mandé al córner, sin exagerar.

En Sancti Spíritus gracias al nerviosismo, alias pendejería, empecé tarde en un partido por necesidades de primer orden. No entré en juego hasta el minuto 10. Y En Cienfuegos nos pasamos dos días de gratis en la EIDE sin comida, sin dinero y durmiendo en las mesas del laboratorio de química, porque las Gironcillas sufrieron un percance en Camagüey.

Han pasado casi tres lustros de mis aventuras, pero la huella de mi versión de Juegos Olímpicos Escolares perdura; me quedará en el disco duro en la misma carpeta donde almaceno los 7 goles alemanes en el Mineirao.

Anuncios

Publicado el julio 24, 2014 en Fútbol al 100%. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Dispara a puerta tú también

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: