¿Halloween cubano?

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Recuerdo mi primera cita con el supuesto Halloween

En el chat del Facebook al cierre del mes anterior, un coterráneo me preguntó sobre mi disfraz para el Halloween. Noviembre ya le cobró 4 días al calendario y aun no paro de reírme cada vez que interiorizo semejante interrogante.

Él, ahora residente en Hialeah, olvidó que en la tierra donde se originó su primer registro civil, la celebración de la nochecita esa de brujas resulta intrascendente. Entonces esperé que la cosa de los antifaces se calmara para escribir sobre el tema.
Para la cultura anglosajona el 31 de octubre se vuelve todo un festivo misterio, gracias al milenario legado de Los Celtas. El obsequio con caramelitos a los niños, las máscaras espanta gente, las pinturas, calcomanías y dibujos para aterrorizar; los adornos con calabazas huecas en las tiendas, jardines y carros. Toda una extensa logística social dedicada al tema.
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Los cubanos residentes a 90 millas de este archipiélago, para nada son indiferentes a la farándula halowindesca y preparan los más increíbles atuendos, que luego el time line del feisbu se encarga de difundir. Después mandan las fotos a los familiares en Cuba, aunque a la abuela se le nuble la vista tratando de recordar aquellos tiempos tan lejanos.

Acá en territorio nacional, donde hay que camuflarse para luchar el diario, no hay Halloween. Y no me vengan a decir que a los 4 mítines relámpagos impulsados por los estudiantes de Lengua Inglesa en las Universidades, o el alboroto de unos poquísimos adolescentes se les puede llamar como tal.

¿Qué sabemos nosotros de trucos, trick-or-treat, vampiros, ni la cabeza de un guanajo?
Claro, para copiar y hacernos los norteamericanos a veces tenemos la primicia. Si se precisa nos embarramos con dos latas de mercurio cromo para simular la sangre, o nos damos tres o cuatro brochazos de pintura prieta por el cuerpo y así parecemos seres macabros.

Recuerdo mi primera cita con el supuesto Halloween. Cursaba estudios en la enseñanza superior. Nadie logró que me enganchara nada raro. Las hubo quienes se envolvieron en sábana para simular una monja griega de hace siglos; otras le raptaron las prendas a su abuela para dárselas de gitanas…hasta las conocí que se buscaron un uniforme de prescolar. Se valía cualquier cosa, aquella noche esterilizada por Chivaprieta, una especie de Whisky universitario adulterado.

A mí me bastó en la infancia con algunos capítulos de Scooby Doo en su corre corre tras Shagyy para descubrir al tenebroso administrador de la casa embrujada. Los padres míos gastaron todo su presupuesto terrífico con las historias del Coco para que no saliera de la casa a oscuras cuando el apagón.

El pasado viernes en Cuba los únicos disfrazados eran los carniceros que presumen de Harry Potter para hacerte magia con el trocito de puerco de la comidita del fin de semana. Cada quien pa´ su búsqueda. Nada de que si fulanito hizo de Jack Sparrow, o si menganita se alistó los trapos de la Novia cadáver.
Dejémonos de boberías señores. Ya a nosotros nos sacaron de circulación hace mucho las peliculitas de la Navidad y los Halloween.
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Por favor, si usted se topa conmigo a finales de octubre de 2015 por cualquier servicio de internet, no se le ocurra preguntarme nada sobre la dichosa fiesta. Ni tengo dulces, ni máscara, ni disfraz… y mucho menos DJ para semejante actividad. No creo en brujas y están bien caras las escobas.

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Publicado el noviembre 4, 2014 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Fide, déjame decirte que ya Cuba tiene su Halloween, en la habana, camaguey, donde quiera la gente se disfraza, aunque ni tenga los atuendos y tenga que pintarse la sangre con mercurio. No tiene nada de malo copiar esa tradición, no tiene nada de malo que otros países copien las nuestras. Lo triste sería que las olvidáramos, entonces si habría que escribir un post. Un beso, y en aquellos años universitarios, mucho nos divertimos.

    • Bueno Glenda, estuve leyendo algo sobre el tema. Igual mantengo mi postura, no creo que sea Halloween asunto nuestro, aunque en Carlos III te vendan mil máscaras a precios disparados. Gracias por el comentario. Besos

  2. Por supuesto que no es asunto nuestro. Esas tradiciones son tradiciones de otros lugares. El cubano lamentablemente es un poco payaso. Es capaz de pintarse la cara con la cara de Brasil o Argentina pero no se pinta una bandera nacional por nada del mundo cuando Cuba esta discutiendo algo. Somos copiadores por naturaleza, conozco un par de casos de gente que se disfraza, pero es payasería, no más… Aunque por supuesto, es un derecho de cada cuál.

    Cami

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