Egoísta con poder de pelota

“Si quieres conocer a un niño…dale una pelota”

Fidel Alejandro Manzanares y Montesquieu

nino-lleva-balones-futbol-medida-que-camina-manguang-municipio-fuera-bloemfontein-rf_170363Él, propietario sin tacha y sin remedio; con carácter arrogante y mirada de verdugo de Hatuey en la hoguera, hace y dispone lo que se le viene en gana.Se divisa un grupo de niños. Su promedio de edad cuenta con una década de respiración; nacidos todos entre febrero y noviembre de 1987. Él,  al centro del colectivo, es el dueño de la pelota, la única que habita entre los edificios 23, 24, 25 , 26 y 27. Las 5 edificaciones con diseño similar, de los tiempos de las micro brigadas cuando el CAME y la URSS.
Se jugaba cuando quería y a la hora que se le antojaba. Siempre elegía a  los mejores para su equipo. Si se jugaba al gol, los más habilidosos; si la cosa era del cuatro esquinas, pues a los más fuertecitos pa´ los jonrones; en fin, actuaba como el mayor imperialista que nuestros ojos podían ver.

Para convencerlo se hacía una especie de ágora ateniense. “Carlitos, tú le tocas la puerta suavecito; Pedrito, cuando salga la mamá la saludas bajito y le preguntas; y tú Sandito, lo convences, le dices que si se cae al patio de la vecina treparás la cerca y no te importará el perro Campeón.”

Al dueño de la pelota había que facilitarle todas las comodidades. Pero casi siempre coincidía que era el más malo. Se ponchaba, no pateaba bien a portería sobre el cemento, y lloraba por todo, todo lo protestaba. Nos chantajeaba con alzarse en casa de sus tíos… pero era el dueño de la pelota.

Y si venía uno más grande a agitarlo pues salía disparado a casa a chivatearlo con mamá; pero mamá trabaja en el aeropuerto, así que mañana tendría otra pelota nueva si la cosa se apretaba al extremo.

Vestía siempre más limpiecito y peinadito que el resto, con pulovercitos que a veces tenía inscrito el nombre de un municipio de la provincia, Florida. No solía andar mataperreando. Su ropita siempre pulcra porque no dejaba que sus rodillas fueran al piso; nada de ñañaras, y en caso de una posible participación en el juego del Policía y el Ladrón, jamás ocupada este último bando, aunque le resultaba imposible atrapar a delincuente alguno.

El dueño de la pelota tampoco tenía en casa un televisor KRIM218. Llegó a ver las Olimpiadas de Atlanta en 1996,  a través de un tv a color, que no precisaba cambiar de canales con una cuchara.

Por suerte, pasaron los años. El dueño de la pelota creció y ya no fue más mimado. Las personas empezaron a toparse las pelotas más a menudo, y los juegos se hicieron más serios y equitativos.

Ayer me asomé a la ventana y estaban los niños del barrio jugando. Uno le pegó bien lejos a la esférica y se pinchó, pero él con una acción Pilaresca, no pareció incomodarse y le grito al resto: “Tranquilos, no importa, yo tengo otra en mi casa.” Y me alegré, porque modifiqué en el recuerdo mi percepción de aquel egoísmo del dueño de la pelota.

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Publicado el noviembre 18, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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