Bronce metal de campeones

15027705_1140528086028160_548964851091756317_nIntentaré ser breve. Cuando el más afamado y polémico de los integrantes del equipo de softbol de la prensa de Camagüey decidió postear una serie de artículos-pronósticos sobre lo que podría acontecer en el XVIII  Campeonato Nacional de la bola blanda para los  profesionales de los medios en Cuba, la mayoría de los lectores tildaron de locos y “seminfladores” a los integrantes de la nómina.

El asunto desembarcó con video clic del Shaky- Shaky; una versión libre del también guionista, productor y director, Raúl del Pino, Falso Nueve Salfrán.

Una vez terminada la competencia podría resumir que todo, absolutamente todo, estuvo justificado. Desde la algarabía en Facebook, hasta las horas sin dormir, los entrenamientos en la periferia de la ciudad, el corre corre por los trajes, el dinero para los topes interprovinciales en guaguas Girón, las preocupaciones por el alojamiento de los refuerzos, las broncas, los consejos, y el aplazamiento de los planes familiares.

Hoy la felicidad es total. Tal vez le suene a un evento deportivo de bajo costo, pero no; los profesionales de la prensa alteran su sistema cerebro vascular  por el softbol, al menos una semana al año.

Mayabeque no sería la excepción; aunque se repita matraquillosamente que se va a  fraternizar; y el solapín te acredite con el título de Participante.

Nosotros, los chicos de Camagüey, salimos con el mismo espíritu que se lanzó Phelps a la alberca de Río de Janeiro, conscientes del sacrificio que entraña compartir grupo con Las Tunas y Medios Nacionales, dos de los más fuertes elencos de la justa.

Culminar como líderes de grupo significó muchísimo para una nómina que en 2009 terminó en el último escaño. Tras la incursión del ciclón en 2012, al año próximo Holguín nos reservó el séptimo puesto. Para Ciego de Ávila 2015 la tropa camagüeyana se quedó a un strike de entrar en el cruce; víctima del  antológico palo de un tal Abelito que batea como una bestia como camuflaje al diminutivo del nombre. Pero este noviembre tuvo magia, nada pudo frenarnos.

No podría contarlo en síntesis, cada detalle; ni el momento de las lágrimas en la penúltima jornada; ni lo selfies y el apoyo de los niños en el neocolonial poblado americano de  Hersey; ni las broncas con los administradores de la piscina por pasarse en la cuota del cloro e impedirnos relajar; ni el otorgamiento de los nuevos apodos; ni la incursión en materia de brujería empírica.  Resulta imposible rememorarlo todo.

De regreso de las mayabequenses tierras de Santa Cruz del Norte, la gente nos pregunta, y le respondemos con el orgullo del equipo cubano al término del Primer Clásico Mundial de Béisbol en 2006, porque el bronce nos ha sabido a gloria eterna.

 

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Publicado el noviembre 14, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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