Para cuando se vuelva a casa

Hay un arsenal de dulces caseros que la abuela pone en práctica “porque al niño le gustan, y hasta se chupa los dedos”. Se habló con Carlitos para  buscarlo en el Moskvicht, que hasta el momento no ha tenido el fallo clásico del motor; y la gasolina está garantiza´.

Viene en JetBlue from Fort Lauderdale , aseguró él vía telefónica hace más de un mes. Han sido 30 días muy agitados para sus progenitores, a quienes se le hizo eterna la espera de los papeles por la dichosa residencia, y poco entienden de legislación para los emigrantes y la extinta categoría de pies secos.

Y los padres no son los únicos que aguardan por el abrazo tras el cruce de la línea aduanal que a veces lastra y destripa el alma con miseria, también está el amigo con quien tiró piedras, hizo la Guardia pioneril del 27 de septiembre, se fugó a picas y coleccionó sobrecitos en el Periodo especial. Para este último también ha sido muy duro desde que empezó a seguir la travesía del protagonista de la historia, guiado por coyotes en balsas a través de ríos, selvas, y acampadas peligrosas entre fronteras centroamericanas.

Mientras John Kerry con la otra administración del norte revuelto a donde decenas de miles se han ido a “resolver”, inauguraba la Embajada en La Habana, y otros moldeaban y aprobaban papeles legislativos para arreglar las eternas diferencias del Diferendo, los amigos seguían esperando el momento del reencuentro. En todo ese periplo no se detuvieron a pensar en la maduración de la fruta, solo en el abrazo de vuelta.

Antes de la partida nada podía detener la idea de la largada. Las cuentas estaban claras, y aunque iba a extrañar los dulces de la abuela, pensó que allá comería otros infestado por la gula deliciosa que provoca las mágicas envolturas; eso también estaba calculado.

Y la amistad quedaría ahí, no en stand by, pero herida por la distancia. Mientras tanto acudieron al frío IMO, al Messenger y al Féisbu, pero la conexión de ETECSA además de cara es mala; y la gente se ve distorsionada y parece que hace muecas, se cae la imagen. Se desesperan; empero al otro día vuelven a cargar las pilas para volverlo a intentar con ansias.

Los socios, los yuntas, los hermanos que tocaron en el IFÁ , se esperan como cosa buena. Uno sabe que al otro le tiene cansado los avatares sindicales y los agobios sangrantes del salario, pero que luego va y descarga la ira en la mesa de dominó, y se conforma con el amor de la pura y la chama; porque ya hizo una familia con una doctora que partió de misión y ha resuelto algo. El otro respeta ese amor; siente envidia del que se quedó porque entre tantos miedos lo ve valiente. Todo este tiempo no le ha mandado a la Western Union por lástima, lo hace por admiración.

Ya en el aeropuerto el que se fue lo abraza y le susurra un “Mi hermano, que´bola´, cómo te he extrañado. Estás igualito”. Y no llora porque siempre le han dicho que los machos no sueltan lágrimas delante de to´el mundo.

Los dos primeros días son para la familia, pero al tercero se irán a echarse la botella de ron y hablar. Y nadie los podrá interrumpir, son muchos los cuentos. La agenda está cargada de esperanzas, frustraciones, alegrías. Trump no las entendería porque está preocupado con los hackers rusos y Angela Merkel; además ellos tampoco publicarán nada en el Twitter.

El pasaje de regreso anuncia la partida. Y no se puede prorrogar. hay una plaza de gastronómico preparador de Sushi en Palm Beach que aguarda. Acá ya se quejó de lo mismo, se horrorizó frente a las vidrieras y volvió a añorar la tranquilidad del barrio que está con su calles y baches intactos pero tranquilos.

El ciclo vuelve, y las normas aduanales estarán allí, a veces crueles en detrimento de las misceláneas, pero invariable como la amistad y el sabor de los dulces caseros de la abuela. Todo, para cuando se vuelva a casa.

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Publicado el junio 7, 2017 en Uncategorized y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Bastante cercano a lo qe se siente, solo a mi parecer de emigrante, creo qe te faltó hablar del dolor de ver lahabana sucia o calléndose. De observar qe en tu pueblito natal no ha cambiado nada por más tiempo qe pases fuera, que la gente tiene las mismas carencias agregándoles nuevas y que el discurso de sacrificio lejos de molestarte te duele, porque ya viste qe no es real y quieres creer o al menos pensar que estás equivocado, porque en el fondo tu fe siempre ha sido para lo que viste construir. Por eso, prefieres volver al frio, porque la desidia y la depauperización de otros lados es soportable, pero no la de tu tierra. A esto le llamo “síndrome del amor cobarde por la patria”

Dispara a puerta tú también

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