Narcisismo, carencias de un negocio redondo

soymimarca_personalbranding_redessocialesEvidentemente los administrativos de Instagram, Facebook, y otros negocios del mundo digital se han percatado de nuestras ansias constantes de alimentar nuestro amor propio; entonces nos han provisto de un número significativo de filtros para hacernos más atractivos tras los efectos de las camaritas de móviles. Lejos estamos de encontrar el antídoto para sentir nuestro sistema inmune ante la picazón provocada por los likes en el muro; como si de ellos dependiese la estabilidad emocional.

Ante tal imperativo, las cuentas siguen claras para el informe de Bank of America Merrill Lynch, que “calcula que el consumo relacionado con los productos que nos hacen sentir mejor y hacen posible un aspecto a prueba de selfies —lo llaman vanity capital— mueve en el mundo 3,7 billones de dólares”.

Freud , quien describiera a la patología del narcisismo relacionada a una trauma que influye directamente en la capacidad de la persona de efectuar un proceso evolutivo hacia la conquista de la madurez, podría reescribir el asunto en tiempos en que nos vale lo mismo tirarnos fotos de buceo con los tiburones, delante de un tren en avance, o simplemente con la réplica del más reciente peinado de la Laddy Gaga.

El time line no miente. A diario se suben más de 80 millones de fotos a las redes en un por ciento muy elevado con “Yo” como lema, por supuesto con la mirada puesta en alcanzar cierta notoriedad. Y claro, no existe ley prohibitiva, aunque no es menos cierto que la tendencia ya resulta preocupante incluso para la comunidad científica.

Un estudio a cargo de los investigadores Daniel Halpern y Sebastián Valenzuela de la Pontífica Univrsidad Católica de Chile refleja que “en las redes, podemos mostrarnos como queremos que nos vean. Esa imagen perfecta que creemos que los demás tienen de nosotros puede alterar la que tenemos nosotros de nosotros mismos”.

Los riesgos personales de lo anterior expuesto no late en la mayoría. Hoy se precisa mostrar la imagen de éxito, un tanto incierto y mentiroso sin tenemos en cuenta que las propias trabas y problemas cotidianos nos impiden llevar esa dulce vida placentera descrita con comentarios repletos de excentricidades. La propia sociedad nos impone la tendencia, que luego en caso de no ser aceptados por determinados grupos nos podría llevar a la depresión.

La epidemia narcisista parece invadirlo todo. Contamina espacios a ritmos alarmantes. Como seres supremos, ególatras parecemos y actuamos; nenes pequeños a quienes  los padres hicieron creer merecedores de todo el sistema solar. Y aunque suene exagerado, ello nos lleva a la individualización desmedida, incluso al egoísmo. Estudios relacionados con la psicología social muestran correlación entre el carácter narcisista y las culturas individualistas donde se valora la identidad individual por encima de la grupal.

El egocentrismo resulta hoy condición indisoluble en un por ciento elevadísimo del número de publicaciones. Las mismas definen quiénes somos, qué pensamos, y a qué le damos prioridad en nuestras vidas; acciones que a su vez las hacen sin percatarnos, meros museos parlantes y exhibicionistas, por cierto, muy bien aprovechadas por la Industria y el Mercado.

La vanidad desmedida también tiene la facultad de corromper, engañar; empero no confundir con lo planteado por Craig Malkin, psicólogo clínico de la Escuela de Medicina de Harvard, quien defiende que “cultivar cierto ego saludable es beneficioso… El deseo de sentirse especial no es un estado mental reservado a imbéciles o sociópatas”.

El presumir, sentirse bien consigo mismo, procurar lo estéticamente bello, son posturas indisolubles a los seres humanos, aunque andarle con fantasías sobredimensionadas a nuestra propia autoestima, en especial en las redes sociales, también podría convertirse en un arma con filos en cada extremo.

Por supuesto, lo anterior  no te lo dirán los de Instagram , ni los de Facebook, ni cualquier administrativo de un negocio emergente de venta de cosméticos.narcisismo.jpg

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Publicado el agosto 31, 2017 en Mis tiros a gol en crónicas y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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