Leer

saber-leer-o-aprender-a-leer-es-saber-escuchar-octubre-2015Yo de pequeño, como todo nene de escuela primaria de los 90 en Cuba, tenía un componedor. Era carmelita de vinil; un pedacito de cosa sagrada. Velaba por su integridad física. Ahí, con él, aprendí a leer, a saber que los simbolitos que la maestra ponía en la pizarra, o la conversión de los mismos, me conducían a las pistas y señales para llegar a casa y vanagloriarme de saber leer. ¡Cuanta emoción!

¡Uff! Que bendición esa de poder leer, aunque de inicio cueste terminar el primer párrafo. Como cuando a un esperanzado corredor paralímpico le resuelven dos prótesis nuevas para competir en la distancia de fondo, sin importar llegar de último a la meta.

Luego supe con el paso del tiempo que leer fue por muchos siglos un mega privilegio, y que los monjes del medioevo europeo velaban, como yo mi componedor, los escritos sagrados e inaccesibles para muchos que morían en las calles bajo los efectos de la peste bubónica.

Después llegó Johannes Gutenberg con eso de la imprenta, y algunas variantes de distribución permitieron conocer las reformas de Martin Luthero; así que lo impreso y su información propiamente leída, se fue expandiendo.

Pero hoy las empresas fabrican menos componedores y sí aparatos divinamente embrutecedores. Lo digo a juzgar por la endeble frecuencia de lectura empleada por un número creciente de homo sapiens sapiens que percibo . A ritmo tan alarmante crecen las preferencias por videos, juegos y audios  en celulares, que aquellos aferrados a los principios del componedor son vistos entre los neandertales.

Con lo del Facebook , Instagram, Flick y las plazas de youtubers, el mundo anda a millón. Ya hasta los jefes de las tribus colindantes con los lagos más extensos de Tanzania se tiran selfies colectivos, pero ni ellos ni millones en Tegucigalpa, Washington, Nueva Delhi, Canberra o Santo Domingo, perciben los atributos de la lectura. Desentendidos.

Poco se lee. Y no hablo de preferencia literaria, Shakespeare, Truman Capote o el boom literario latinoamericano de los 60; se le ha declarado la guerra a los libros, revista no faranduleras, o textos decentes. Si no es porque Gillete o Toyota, o Apple nos embuten con vallas y carteles lumínicos, por radio y televisión, y hasta en la taza del baño, nadie se acuerda del componedor.

Echemos un vistazo el time line del feisbu. La problemática es peor. No sabemos escribir. ¡Al carajo con las enseñanzas del componedor!

Me resulta imposible manejar el caos y sus efectos. La imposibilidad de leer es directamente proporcional a la incapacidad de poder escribir; además dificulta el proceso creativo.

A ver, salvo de la lista aquellos desgraciados apilados en millones, que no tuvieron acceso a las escuelas por trabajar en minas de cobre, o porque sus almas estuvieron vagando en las drogas o la prostitución y la muchedumbre; almas explotadas por la desgracia aunque el papa Francisco siga dando vueltas por el mundo para resolverle el problema. Los pobres, no tuvieron en casa ni agua potable ni electricidad. De ellos ya hace mucho la ONU archiva datos y cifras en oficinas. Al resto, la sociedad ha condicionado para hacer cualquier cosa menos leer.

De las tantas Ferias Internacional del Libro que se suceden en Málaga, Tokio, Nueva York y la Habana en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, y que son reconocidas hasta por la Unesco, pocas figuran en la agenda de prioridad de quienes tiene acceso a las mismas. Entiéndase por acceso, libre visado económico y geográfico, claro.

Al parecer las políticas gubernamentales de muchos países no les interesa la problemática. Es evidente. Se le presta más atención a Miss Universo que a la educación.

Hablar de la posibilidad que nos da leer es redundar, así que no dilapidaré su tiempo en ello. Mejor me voy a buscar mi componedor. Quiero que mi   futuro nene sepa de él, que lo bese y lo adore. Lo único que le quedará prohibido es confeccionar un temilla de reguetón , por lo demás, todo estará bien.

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Publicado el febrero 9, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Ⲛicely like Mommy stated, whhen we love each other and love
    the world that Jеsus died for, tһat?s a type of worship.
    After we think about God and take һered to thе sermon or in Sunday School, that?s a method off worshipping aas
    a result of were studying how nice God iѕ and He likеs
    that. Or after we sit ɑroսnd and inform one anotheг wһat the best things about God are.

    You ᥙnderstand how a lot you like hearing individuals say how smart or cute
    you boys are? Properlⲣy God liкes after we talk collectiveely about how great hhе is.?
    Daddʏ answered.

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