Fundación de los oficios

04-oficio-01Par de siglos antes que Sófocles escribiera Edipo Rey, hay un nene en la antigua Grecia que cuida del rebaño de cabras de la familia. Por allá por Ática, donde hace muy poco se incendió el poblado.

Está cansado de hacer todos los días lo mismo que el anterior. Y su padre le exige atención porque así lo hizo él después de su padre, y del padre de su tatarabuelo. El jovenzuelo se convertiría con el tiempo en el mejor cabrero de las montañas del Ática, y fue tan importante para aquella comunidad, como el vecino que se encargaba de arreglar las sandalias que usaban los héroes de las Olimpiadas.

Los que edificaron el Partenón, aunque sin ser adorados, eran dioses fruto de la esclavitud. Unos sin cansancio dirigían y ordenaban, mientras otros más resignados a obedecer, edificaban con sus manos.

En el árbol genealógico de aquellos constructores de maravilla, también estaba quienes habían edificado majestuosas obras anteriores.

Algunos tenían como hobby esclavizar, a otros le quedaba ceder a la condición impuesta por la formación económica social. Ambos oficios fueron siempre importantes, aunque nunca gozaron de justicia.

Varios siglos antes, incluso lejos de esas tierras que se jactan de haber sido cuna de la civilización, ya habían aparecido los oficios. Se perfeccionaron luego con las divisiones sociales del trabajo, y aquello del bando manual para un lado, y los del intelectual, para otro.

Mejoraron detalles por las teorías de algunos estudiosos “desvinculados”, y cuyo oficio era precisamente ese, pensar por los demás. En aumento constante, incitados por la génesis del PIB, los oficios van y vienen, y son tan antiguos casi como respirar.

Se han perfeccionado por la demanda y las necesidades que nos inventamos los seres humanos. Unos cientos llegan incluso a la categoría profesional. Hay algunos otros que con el tiempo parecen exiguos:

-apaciguador de bombas en suelo sirio

-amador del prójimo, filántropo

-navegantes de lo digno

-corazoneros

-investigadores del bien

-lector de tabaquerías

-hacedor de cuentos para niños

– cuidador de bonsai

-realizador de crucigrama

-curador de empacho …y otros tantos más que aún no son certificados por la Organización Mundial del Trabajo.

Publicado el agosto 20, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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