Fanáticos

El hincha es el fanático en el manicomio”.

Eduardo Galeano

Soccer fan celebrate their team in football italian stadium - HoThomas Alba Edison, que lo inventó casi todo (porque del resto se encargaron los chinos y Da Vinci), olvidó entrar al campo de la psicología y la sociología para darnos más detalles del fanático. Pero yo, con un largo tramo por recorrer para emular con el padre de las lucecitas, voy de análisis del sujeto: el hincha meramente deportivo. Así que eliminemos de la lista a los politi-fanáticos, a los teo-fanáticos, a los Bad Bunny-fanáticos, y a otros.

El asunto tendrá de empírico y teórico, aunque no ahondaré como marco científico- referencial ni ocho cuartos. Empero no puedo despreciar esta joyita del psicólogo y sociólogo Erich From: “… El fanático suele tener estas características: Cree poseer la verdad, y por lo tanto, no admiten que sea cuestionada por nadie. No tiene la mente abierta hacia otras creencias u opiniones”.

La tesis en cuestión me fue fácil de corroborar en plena barbería cuando un usuario-fanático aseguró saberse al dedillo cómo funcionaba lo de la votación del Balón de Oro. Le dio categoría de voto público, y ni dio argumentos sobre la ya extinta fusión entre la revista France Football y la FIFA. Nunca había estado en presencia de tantas tonterías.

Pero claro, este pertenece a la sub-categoría de los ignorantes. Venga, que también los hay muy preparados. Repletos de aportes estadísticos y con un bagaje cultural del tema atlético superior incluso al de muchos “especializados”. Porque de eso también va la historia: de argumentos.

Argumentos en modo polvorín contra el empuje del fanático del área rival. En este cuadro clínico la mejor representación de la última década ha sido, sin lugar al titubeo, la del Messibando vs CR7bando. La industria y el mercado han puesto su granillo de arena en esto, porque algo tienen que vendernos ¿no?.

By the way, si de moda, elementos textiles, atuendos, piezas representativas, hablamos, el fanático tiene siempre lo suyo. Lo conserva con mucho cuidado, como un altar y/o elemento sagrado. Puede ser una camiseta autografiada o un material digital con el documental del último campeonato conquistado; su valor es celestial.

Hace ya algunos años con una peli de un chico obsesionado con el triunfo de los Medias Rojas de Boston, me percaté que lo del seguidor deportivo puede ser cosa seria. El joven tenía desde el cepillo de dientes hasta la alfombra del cuarto estampados con el símbolo del equipo de Massachusetts, de la MLB. Era cuando aún latía la maldición del Bambino, por allá por 2004.

Al profesor de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona Federico Javaloy también le descubrí envuelto en teorías.

“…Es terriblemente ético, sigue, a rajatabla, fiel a sus principios. Nunca nadie puede decir de un fanático que no se compromete. Convierte sus ideas en acción y tacha al resto de inconsecuentes. El fanático tiene amor a la muerte, este romanticismo de la muerte es la clave de su intrepidez”.

Porque no hay nada más shakespereano que un fanático. ¿Se han fijado cómo gritan en un estadio? Aunque el ruido ambiente sea más fuerte en decibeles, el grita; aunque el otorrino le advierta de las consecuencias para su salud, el grita.

Porque ¿qué sabe el medicucho ese si en cada grito se le va la vida? Él fanático va alzar su voz para que Lebrom salte con más poder, para que Bolt acelere, para que Mijaín rastralle al turco. Si está frente a la TV lo hace más alto aún porque el evento puede ser en Asia, y él está lejos en América.

El hincha puede ser cruel para con el atleta, para con el entrenador, para con el sistema administrativo de la competencia, incluso para con él mismo. Se maldice por seguir a fulano de tal. Pero es momentáneo, al otro día se le pasa aunque se haya jurado que: “ya, no más lucha porque ellos son millonarios, y yo no tengo cómo pagarme las vacaciones”.

Pero es la paz momentánea y mentirosa que le habla al oído. Al otro día volverá con su mochila llena de cuentos y la garganta lista.

En honor a la verdad todo amante al deporte tiene en uno de sus 23 pares de cromosomas una dosis de gen fanático.

No voy exento a la necesidad de tomar alguna que otra medicación antidepresiva cuando golean a mi equipo de preferencia. Sin embargo esto del periodismo y la objetividad me ha ayudado un montón; así que cuando veo que el tema se va de control, pues me salgo y confirmo argumento rival. Porque hay goles que no se discuten y pasiones del alma que no se laceran.

Publicado el diciembre 24, 2019 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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